Say Yes To Donuts nació de una incomodidad concreta: en Valencia se come bien, se merienda bien y se celebran cosas con dulce, pero el donut seguía viviendo en una vitrina aparte, con sabores importados y una textura que no siempre aguanta el viaje. Nos pareció raro. Aquí hay chufa, naranja, almendra, azúcar quemado y chocolate de verdad. Nos pareció que ese material merecía una masa fermentada, un glaseado honesto y un mostrador donde se pueda preguntar sin prisa.
Trabajamos por lotes pequeños, con horneado del día y sin congelar la producción para estirar la semana. Eso implica límites: algunos sabores se agotan antes de la tarde, otros solo salen cuando la fruta está en su punto, y no todo lo que probamos llega al público. Preferimos decirlo antes que servir algo tibio de sabor. Cada variedad pasa por varias rondas de cata interna, y las que sobreviven son las que reconocerías a ciegas: si un donut de horchata no sabe a horchata, no sale.
El efecto que buscamos en quien nos visita es sencillo: que muerda algo que le suene a su ciudad y que no tenga que elegir entre tradición y repostería moderna. Que se lleve una caja para compartir, que pregunte por los alérgenos sin vergüenza y que vuelva cuando cambie la temporada. Ese es todo el plan.